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“La Chetumaleña”: La historia oculta del traje típico más antiguo que forjó la identidad de Quintana Roo

Más allá de la tela, este atuendo pintado a mano representa la riqueza forestal y el orgullo de la capital; conoce el origen de la primera indumentaria oficial del estado.

En el vasto mosaico cultural de México, cada región narra su historia a través de sus textiles. Sin embargo, en Quintana Roo, existe un traje que no fue bordado con hilos, sino creado como un lienzo vivo que narra el nacimiento de una identidad propia antes de que el Territorio se convirtiera en Estado Libre y Soberano. Se trata de “La Chetumaleña”, el traje típico más antiguo de la entidad, una joya indumentaria que a menudo se confunde con otras vestimentas, pero que guarda en sus pliegues el alma del sur.

Diseñado a mediados del siglo XX, este atuendo surgió de la necesidad de diferenciar a la población de la capital, Chetumal, de la influencia yucateca y campechana, buscando resaltar la vocación forestal y selvática que caracterizaba a la región en aquella época del “oro verde”.

Un origen tejido en la selva y la madera

A diferencia de los huipiles mayas tradicionales o el traje de “chiclanera”, la característica más distintiva de “La Chetumaleña” es su confección en lino o telas frescas de color marfil o beige. Este tono no fue elegido al azar; representa la madera, específicamente la caoba y el cedro, que fueron el motor económico de la región durante décadas.

Foto: YT Bazar de Tradiciones

La historia atribuye su diseño y popularización a la señora Elia de Ramírez, esposa del entonces gobernador del Territorio, Margarito Ramírez. Fue bajo su visión que se buscó un atuendo que las damas pudieran lucir en carnavales y fiestas patrias, alejándose de los estándares del centro del país y abrazando el entorno tropical de la Bahía.

El arte de pintar la identidad a mano

Lo que hace única a esta vestimenta es su técnica de ornamentación. No lleva bordados en punto de cruz; en su lugar, los adornos son pintados a mano directamente sobre la tela. En la parte inferior de la falda y en la blusa, se plasman motivos que son una oda a la biodiversidad local: flores de la región, hojas de chicozapote y, en muchas versiones, escudos estilizados o referencias al escudo de Quintana Roo.

El diseño es sobrio pero elegante: una túnica o vestido de una sola pieza con un volante en el cuello, adornado con cintas de colores (generalmente verde, blanco y rojo, o tonos selva) que rematan en lazos. Es un traje que evoca la frescura necesaria para el clima del Caribe, pero con una formalidad que lo convirtió en el favorito para los eventos de gala de la sociedad chetumaleña de antaño.

Diferencias con el Traje de Quintanarroense

Es común que, con el paso del tiempo, se confunda a “La Chetumaleña” con el traje estilizado de “Quintanarroense” (el de falda roja y penacho de caracol) que se utiliza más en la danza folklórica moderna. Sin embargo, “La Chetumaleña” es el antecesor histórico, el traje civil por excelencia de la capital.

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Mientras que el traje de danza busca espectacularidad escénica con influencias prehispánicas, “La Chetumaleña” es un testimonio de la vida cotidiana y social del siglo XX. Representa a la mujer mestiza, a la habitante de la ciudad de madera que miraba hacia la bahía.

Un legado vivo en 2026

Hoy en día, este traje ha resurgido con fuerza gracias a colectivos culturales y escuelas que buscan preservar las raíces del sur del estado. Ya no es solo una pieza de museo; es común verlo portado con orgullo por las embajadoras culturales en la Feria de la Frontera Sur y en las fiestas patrias de septiembre.

Vestir “La Chetumaleña” es un acto de resistencia cultural y amor por la tierra; es recordar que antes de ser un gigante turístico mundial, Quintana Roo fue selva, madera y una comunidad unida a orillas del Río Hondo.

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