
Kilmar Abrego García fue deportado por “error administrativo”, pese a tener protección legal contra la expulsión. Su hijo autista y su familia siguen esperando su regreso, mientras el gobierno de EU se niega a traerlo de vuelta.

Arresto frente a su hijo y deportación sin aviso
El 12 de marzo, Kilmar Abrego García, un salvadoreño de 29 años que vivía en Maryland, fue detenido por autoridades migratorias en un estacionamiento de Ikea mientras su hijo de 5 años lo acompañaba en el auto. Sin previo aviso, fue deportado a El Salvador, a pesar de contar con protección legal contra la deportación emitida por un juez desde 2019. El error, admitido por el Departamento de Seguridad Nacional, ha generado indignación nacional.
Un error con consecuencias humanas profundas
Desde su deportación, el hijo autista de Abrego ha buscado consuelo en la ropa de su padre, según relata su esposa, Jennifer Vasquez Sura, ciudadana estadounidense. La familia ha documentado el sufrimiento emocional del menor, quien no puede hablar pero expresa angustia al dormir abrazado a las camisas de trabajo de su padre.
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El fallo del sistema migratorio
Abrego llegó a EE. UU. en 2011 huyendo de la violencia de las pandillas salvadoreñas. Aunque fue acusado en 2019 de presuntos vínculos con la MS-13, un juez le otorgó protección contra la deportación tras presentar pruebas contundentes que demostraban su riesgo de persecución. ICE no apeló y lo liberó. Más tarde, Abrego contrajo matrimonio con una ciudadana estadounidense y formó una familia estable en Maryland.

El gobierno reconoce el error, pero se niega a actuar
La Casa Blanca admitió que la deportación fue un “error administrativo”, pero se niega a gestionar el regreso de Abrego. Argumenta, sin pruebas nuevas, que podría tener vínculos con pandillas. Esta postura ha sido criticada por activistas, abogados y el gobernador de Maryland, Wes Moore, quien calificó de “indignante” que el gobierno ignore el debido proceso.
Un llamado a corregir la injusticia
Los abogados de Abrego y grupos de derechos civiles exigen su regreso inmediato. Señalan que el gobierno sí tiene mecanismos para corregir este tipo de errores, pero que se niega a usarlos. La historia de Kilmar se ha convertido en un símbolo de las fallas del sistema migratorio estadounidense, especialmente en casos donde ya existían protecciones legales contra la deportación.